Nuevo ingrediente en la fórmula del envejecimiento.

Al igual que un coche o un electrodoméstico se desgasta con el paso del tiempo y deja de funcionar, nuestro cuerpo se deteriora con la edad, en un proceso que denominamos envejecimiento. De todas la teorías propuestas, la teoría del estrés oxidativo puede que sea de las más antiguas, propone que el propio metabolismo oxidativo de las células las va dañando y esto nos hace envejecer. Irónicamente, el propio oxigeno que nos permite vivir es el que en ultima instancia nos envejece. Pero como toda teoría, si los datos no apuntan es ese sentido, hay que abandonarla, y esto es lo que parece a juzgar por los datos científicos obtenidos en las ultimas décadas.

Mitocondria, imagen de microscopia electrónica.

Este daño oxidativo lo producen principalmente las mitocondrias, unos pequeños orgánulos que se encuentran en el interior de todas las células y que son como centrales eléctricas, proveyendo de energía a costa de oxidar el oxigeno. Como todo en esta vida, este proceso no es 100% eficiente y se liberan sub-productos toxicos (ROS) que dañan el interior de la célula. Estos ROS se pensaban que eran los ejecutores principales de la citada anteriormente teoría del estrés oxidativo.

El que se este abandonando dicha teoría no significa que debemos quitar de la ecuación a las mitocondrias y es que, gracias a un reciente articulo publicado en Cell, estos pequeños orgánulos, antaño bacterias, han vuelto a saltar a la palestra.

C.elegans

Si bien no se han encontrado datos concluyentes que demuestren una correlación entre los niveles tóxicos de ROS y el envejecimiento, si parece haber correlación con la actividad oxidativa mitocondrial. El trabajo, desarrollado en C. elegans, un gusano comúnmente utilizado en el laboratorio, propone que la disminución de la actividad mitocondrial conlleva un aumento el la longevidad de los gusanos. Sorprendentemente dicha bajada en la actividad ha de ser en tejidos específicos. Los autores han identificado el tejido nervioso (neuronas) y el intestino como claves en el proceso, ya que la disrupción en otros tejidos como el muscular no tendría efecto alguno, o bien el contrario, acortan la longevidad.

Otro dato importante es la comunicación entre estos tejidos, ya que la supresión de la actividad en el sistema nervioso es captada por el intestino, de esta forma los autores proponen que debe haber alguna sustancia que viaje hasta él para alertarlo.

Como ya os comentaba antes, el modelo de estudio es un gusano y aunque puedan existir paralelismos metabólicos con especies animales superiores, no hay que dar nada por sentado. Pero siendo positivos, se ha hecho una contribución mas a entender un proceso tan complejo como es el proceso de envejecimiento de un organismo.

Todo apunta a que el envejecimiento es una consecuencia multifactorial y que el elixir de la vida eterna no va a estar compuesto de un solo ingrediente. ¿Seremos algún día capaces de descifrar la receta?

Articulo:

Jenni Durieux, Suzanne Wolff, Andrew Dillin. The Cell-Non-Autonomous Nature of Electron Transport Chain-Mediated Longevity. Cell, Volume 144, Issue 1, 79-91, 7 January 201.

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